ACUICULTURA - ESPAÑA: No se apostó por la acuicultura y pasó a ser una actividad de confrontación

Lunes, 11 Mayo, 2009
La mayoría de las empresas de acuicultura marina pasan por dificultades por la crisis y el nuevo presidente de la Asociación Española de Productores de Cultivos Marinos, Pablo García, asegura que "la situación volverá a la normalidad" y que el sector debe centrarse en "llegar a ese momento, no perecer en el camino". Además, denuncia que la restricción del crédito es importante y que si hoy se pudiesen iniciar los proyectos del Plan Galego de Acuicultura "las actuaciones no tendrían la misma magnitud que las previstas hace dos o tres años".

La Asociación Española de Productores de Cultivos Marinos (Apromar) ha elegido a su nuevo presidente, Pablo García, que es representante de la empresa Stolt Sea Farm y gran conocedor del sector acuícola gallego y español. Él quita mérito a su elección y asegura que la presidencia en la asociación tiene un carácter prácticamente rotatorio.

–¿Cuál será su principal objetivo al frente del sector de la acuicultura marina española a partir de ahora?

–No habrá cambios significativos. Llevo 15 años en la junta directiva y, francamente, me tocaba ser presidente. Hay un gran entendimiento y cierta rotación en la cabeza de responsabilidad de Apromar y digamos que ya estaba apalabrado cuando se eligió al anterior presidente, siendo yo vicepresidente, que tendríamos que invertir los cargos. El objetivo será el mismo: defender los intereses de la acuicultura marina española ante la administración central y las autonómicas y a nivel europeo mediante la Federación Europea de Productores Acuícolas, en la que está Apromar.

–No llega al cargo el mejor momento.

–No es el más apetecible. Si hubiese salido hace dos años sería mejor que ahora, con la crisis económica y con dificultades para prácticamente todas las empresas de Apromar. Además, es curioso que nunca en la historia ha habido una representación tan alta del sector como la que tiene ahora mismo, del 90%. La crisis ha tenido el efecto de unir al sector, con la integración de los pocos que aún no estaban en Apromar.

–¿Cuál es la mayor dificultad por la que atraviesa la actividad?

–La mayor es de tipo comercial y coyuntural. Hay un descenso brutal de la demanda de pescado y de productos de acuicultura, que está afectando a los precios. En los últimos 24 meses, los productos que más producen, dorada y lubina, se han estado vendiendo un euro por debajo del precio que venía siendo habitual. La situación es complicada, como en todos los sectores. En algún momento volverá la normalidad y la dificultad está en llegar a ese momento, no perecer en el camino, que es el día a día de las empresas actualmente.

–El secretario general del Mar, Juan Carlos Martín Fragueiro, dijo hace unas semanas que la producción del sector alcanzaría en 2010 las 70.000 toneladas. ¿No es exagerado?

–En 2008 se produjeron unas 46.000 y este año creo que se mantendrá. Es posible que baje, no sé si en 2010 o en 2011. Se están encargando menos alevines, por lo que en 2011 habrá un bajón, un diente de sierra, pero no sé en 2010 porque desconozco las entradas de alevines del año pasado.

–¿Entonces es demasiado optimista la previsión de Fragueiro?

–Sería el caso más optimista. Tendría que producirse una recuperación económica muy rápida para que cifras así se pudiesen dar.

–¿Dónde están las mayores posibilidades de crecimiento del sector ahora mismo?

–Una de las preocupaciones de Apromar es la enorme dificultad administrativa que hay para desarrollar nuevos proyectos. El entramado administrativo que hay que sortear para conseguir licencias, permisos y aprobaciones es inimaginable y va a influir en la capacidad de España de desarrollar nuevos proyectos. Lo hemos visto en Galicia con el Plan Galego de Acuicultura, que viene y va, que estamos en compás de espera a ver qué clase de fumata hay y si vamos a poder invertir en Galicia o tenemos que hacerlo en otras partes. Pero en otras comunidades no están mucho mejor.

–¿A qué se debe?

–Hay una gran contradicción entre las políticas globales que apuestan por la acuicultura y las decisiones locales, que tienen malentendidos y hacen que se aparquen los proyectos o se hagan inviables. Son malentendidos porque si algo ha demostrado la acuicultura es su sostenibilidad. Hay granjas que llevan 20 o 30 años en el mismo sitio y que demuestran que el impacto al medio que las rodea es nulo.

–En Galicia la actividad lleva muchos años parada.

–Tenemos una moratoria de cuatro años. La última granja que se inauguró fue una de rodaballo en Xove. No hay una moratoria como tal pero no se ha avanzado.

–El plan acuícola parecía que echaría a andar al sector?

–El objetivo de hacer un plan sectorial era evitar la inseguridad jurídica y determinar las ubicaciones en que puede desarrollarse la actividad. El problema se plantea con la controversia social. A la hora de aplicar los planes hay tibieza, no hay una voluntad clara de llevar a cabo los proyectos. No se ha apostado por la acuicultura y se ha convertido en una actividad de confrontación cuando nunca lo había sido.

–El PP tenía un proyecto, el bipartito lo modificó y la nueva Xunta dice que lo va a revisar...

–No tenemos ni idea de lo que va a pasar. Hemos solicitado reuniones con la Consellería do Mar para saber la postura de la conselleira y que las empresas puedan tomar sus decisiones en consecuencia. Están esperando como agua de mayo poder llevar a cabo los proyectos.

–Si hay más retrasos, ¿pueden provocar que algunas empresas desistan de seguir adelante con sus proyectos?

–No puedo hablar por todas las empresas pero aunque hoy se pudiese la magnitud de las actuaciones no iba a ser la misma que hace dos o tres años porque las compañías no tendrían financiación. Cuando topamos con la banca poco más podemos decir.

–¿Qué peso tiene Galicia en el sector en el conjunto de España?

–Tiene casi el 100% de la producción de rodaballo. En producción somos más pequeños pero nuestro producto tiene mayor valor. Galicia está entre las tres primeras, con Andalucía y la Comunidad Valenciana.

–Al margen de la crisis, ¿qué problemas afronta el sector?

–Una de las reivindicaciones de Apromar es por la demarcación de costas y las concesiones de ocupación de dominio público para ejercer la actividad acuícola. La acuicultura tiene que hacerse en dominio público porque las jaulas no se pueden colocar en las montañas y las instalaciones que captan agua del mar tienen que pasar por esa zona. Además hay toda una problemática por los cánones, la renovación de concesiones o el tiempo de duración.

–Muchas empresas gallegas corrían peligro de cerrar por la renovación de las concesiones y ahora tienen hasta un máximo de 30 años para abandonar los terrenos de dominio público...

–En algunos casos es posible pero en otros no. Habrá que estudiar las razones y posibilidades de cada empresa. Estamos dispuestos a colaborar pero hay que identificar otras zonas a las que podamos trasladarnos porque si no es como decirnos que cerremos las empresas. En los próximos años vencerán las concesiones más antiguas y habrá que mirar cada caso si es factible o no, porque si no es un ejercicio teórico que sólo lleva al cierre de las compañías.

–En los casos en que sea imposible el traslado a otra zona, ¿Apromar luchará para que sigan donde están?

–Por supuesto. Se harán las modificaciones que se puedan hacer, pero si no hay alternativas que no nos digan que cerremos porque estamos contribuyendo al tejido social y económico y estos tiempos no son los mejores para pedir a las compañías que cierren.

–Incluso será difícil que puedan acometer obras.

–Efectivamente, con esta crisis no es el mejor momento.