Los biólogos repetirán la cría de langostas en otoño tras perderse las primeras larvas

Jueves, 11 Agosto, 2011

La primera experiencia en España para el cultivo en cautividad de la langosta roja no ha podido completar su ciclo vital pero los investigadores de la Estación de Ciencias Marinas de Toralla (Ecimat) han obtenido información clave sobre una especie que, a pesar de ser tan apreciada en el ámbito de la gastronomía, todavía ofrece muchas incógnitas sobre su biología. Con este conocimiento recién adquirido, los científicos realizarán un segundo intento a partir del otoño, coincidiendo con la época de puesta, para poder avanzar desde la fase larvaria a la juvenil. Un hito que hasta ahora solo se ha logrado de forma experimental en Japón. Si los expertos vigueses continúan dando pasos con éxito, el resultado final sería un método de cría para este apreciado crustáceo actualmente sobreexplotado en nuestras costas.

El proyecto desarrollado en la Ecimat se malogró cuando las crías se encontraban en el estadío de filosoma VI -la penúltima fase del ciclo larvario antes de convertirse en un ejemplar juvenil- y tras más de setenta días de supervivencia en unos tanques especiales. "Todavía estamos en los periodos iniciales, pero hemos dado un paso científicamente interesante. Ha despertado interés y ha tenido mucha divulgación", destaca Enrique Poza, responsable del experimento y director técnico de este centro dependiente de la Universidad.

Uno de los principales cambios en el próximo experimento estará relacionado con la dieta de las larvas, pues es ahí donde puede encontrarse la llave del éxito. Los biólogos suministraron a las crías artemia salina -un crustáceo microscópico- de diferentes tamaños en función de la fase vital. "En las primeras etapas fue muy bien, pero después las crías no se alimentaban tan eficazmente y ahí tendremos que hacer modificaciones y suplementar", avanza el experto.

Es el nivel nutricional de la cría el que determina la duración de cada fase vital, de ahí que, debido a los problemas de alimentación, las larvas de la Ecimat pasaron de una duración más o menos fija de diez días en cada una de las cinco primeras etapas de filosoma a veinte días en la VI. "El desarrollo es más lento si el valor nutricional es bajo. La elevación del rango de días es uno de los datos que estamos analizando para las publicaciones científicas que saldrán de esta experiencia", apunta Poza.

El experimento arrancó con medio millar de larvas procedentes de una sola madre capturada en una pesquería gallega antes de la eclosión de las huevas que portaba en su abdomen: "Teníamos dos, pero nos falló una. En la próxima experiencia contaremos con varias madres para desarrollar la incubación en nuestros tanques y poder hacer diferentes experiencias con la distintas puestas".
De la población inicial, solo una decena de crías llegaron a al estadío de filosoma VI: "En la primera fase murieron bastantes debido a problemas técnicos y después la supervivencia resultó bastante buena hasta las últimas etapas".

Poza explica que las altas mortalidades en los primeros momentos de los cultivos en cautividad son habituales, de ahí que el objetivo sea conseguir una cifra final de supervivientes aceptable. "En la cría de rodaballos, por ejemplo, se empieza con muchos miles de ejemplares. La tasa de supervivencia de una puesta en el medio marino de una centolla o un pulpo solo llega al 1% y las especies que se cultivan con métodos ya muy desarrollados solo llegan hasta el 30%", aclara.

Esta experiencia pionera partió del proyecto con el que Leticia Hernández culminó el máster de Acuicultura que coordinan las tres universidades gallegas y los científicos de la Ecimat buscan ahora convocatorias públicas de investigación para poder continuar con este estudio.