Muros de microalgas

Jueves, 11 Octubre, 2012

La ciudad de Hamburgo cedió en 2009 35 km2 de la isla de río Wilhelmsburg, Veddel y Harburg Inland port para La Exposición Internacional de Construcción (IBA) de 2013. El IBA girará entorno a tres grandes temas: nuevas oportunidades; nuevos espacios y nuevas energías para la ciudad. Hasta entonces se creará en este espacio una ejemplar ciudad sostenible. Sus 55.000 habitantes más visitantes serán testigos de «60 proyectos sociales, culturales y constructivos de carácter innovador y ecológico», explican fuentes de la organización; casas híbridas para trabajar o vivir que adaptan sus espacios, hogares inteligentes con miles de sensores, casas flotantes, con precios reducidos, experimentación con materiales novedosos, reconstrucción de algunos barrios y creación de áreas específicas para el arte.

Aquí se levantará el primer edifico con fachadas de microalgas del mundo. El bloque de cuatro plantas se llamará BIQ y en su desarrollo han participado tres empresas para desarrollar el concepto de biofachada (SSC Strategig Science Consult Germany, Arup y Colt International), el equipo de arquitectos austriacos de Splitterwerk y el instituto de investigación ZukunftBAu del Ministerio Alemán de Transporte, Construcción y Desarrollo Urbano. BIQ ocupará una superficie de 839 m2 y el espacio útil de su interior alcanzará los 1.600 m2. Su coste estimado será de 3.4 millones de euros, aunque lo realmente interesante de esta construcción se encuentra en las fachadas sureste y suroeste. Estas paredes estarán recubiertas por paneles llenos de agua. En ellos, se criarán miles de microalgas de la especie Chlorella; utilizarán el agua a 40 ºC como medio de vida y se alimentarán de CO2 y luz, siguiendo el proceso de la fotosíntesis: «No todas las células en las plantas habituales contribuyen a la fotosíntesis, pero la sencilla estructura de las microalgas hace que pongan todo su esfuerzo en el proceso, por lo que crecen hasta diez veces más rápido que plantas más grandes», explica Jan Wurm, ingeniero especialista en materiales, responsable de investigación para Europa de Arup y director del proyecto.

Por un lado, la parte del espectro solar que no absorbe la planta para su desarrollo calienta el agua. Ese mismo calor, que podría suponer un peligro para la supervivencia de las algas, se reutiliza para cubrir las necesidades térmicas del circuito de calefacción. Mientras, la biomasa producida se almacena en un tanque dentro del edificio y se transforma, a través de un proceso hidrotérmico, en metano. Este calor generado alimentará la bomba de calor del edificio y el agua caliente podrá almacenarse y dar servicio a edificios vecinos. La producción energética que se espera es de 30 kW/h anuales por metro cuadrado con la transformación de la biomasa en metano y otros 150kW/h extra si el calor que no pueden consumir las algas se extrae y se almacena. Esta tecnología, dicen sus promotores, es ideal para instalaciones a gran escala y se podría aplicar a edificios ya existentes; de hecho, esperan tener proyectos de mayor envergadura en complejos industriales, donde se podría coger el CO2 directamente de los procesos de producción. El pequeño piloto generará unos 15 gramos de biomasa por metro cuadrado y día y «la conversión en calor tendrá una eficiencia de entre el 30-50 por ciento», explica Wurm. Gracias a estos paneles consiguen absorber hasta 250 gramos de CO2 por día, dar sombra el edificio y dotarla de energía renovable: «El uso de procesos bioquímicos para el sombreado constituye una solución innovadora. Además de generar energía renovable y proveer sombra para mantener el interior del edificio refrigerado en días soleados, nuestro diseño también crea una apariencia interesante que gustará a arquitectos y residentes», concluye Wurm. Para cubrir otras necesidades de diseño, los paneles se pueden tintar de otros colores e incluir iluminación LED.

Panel plano

El primer prototipo desarrollado por SSC, bautizado como «flat panel uplift bioreactor», fue un panel de 2,5 m de alto por uno de ancho, hecho por dos pieles de PET (Tereftalato de polietileno) cien por cien reciclado. Para BIQ los paneles previstos son un poco más grandes: 3,2 por 1,6 metros y se instalarán cubriendo una superficie de unos 300 m2. Además de la producción energética y del efecto estético o la sombra, los paneles pueden ayudar al aislamiento térmico: «El efecto puede aumentarse a través de una cámara de aire entre esta segunda piel y el edificio. El aire que circula por ella puede usarse para enfriar el edificio con la instalación de ventiladores en la parte superior o puede funcionar como cámara estacionaria de concentración del calor», explican los técnicos. La incidencia de la luz varía en invierno y en verano por la posición de los paneles, que se abren en ángulo de 30 grados para mejorar la producción durante el verano, al mismo tiempo que abren esa cámara de aire ya mencionada. Además, cerradas garantizarían un aislamiento acústico extra.

Los promotores esperan completar la construcción de BIQ en marzo de 2013. Tendrá 15 apartamentos flexibles orientados hacia el norte; los espacios serán «parcheables»; cocina, baño y otros usos de la vivienda estarán empotrados en armarios y facilitarán el cambio de configuración, creando zonas neutras. El proyecto no está cerrado todavía: «La tecnología se está desarrollando y optimizando. Controlaremos la producción energética de la instalación seis meses antes de obtener especificaciones para su industrialización», explica Wurm. La amplia superficie del techo puede utilizarse para instalar panales fotovoltaicos.