«No podemos permitir que los proyectos se vayan a otros países»

Martes, 7 Octubre, 2014

Javier Remiro dirige una fundación, la del Observatorio Español de la Acuicultura (OESA), que tiene los días contados. A finales de diciembre se diluirá en la Fundación Biodiversidad, tal y como ha recomendado la comisión para la reforma de las Administraciones. Pero Remiro porfía en que esa desaparición no significará el punto final a las actividades de apoyo a la pesca y a la acuicultura, pues estar en una organización más potente propiciará que estas tengan un mayor foco y presencia en la Fundación Biodiversidad.

-Pues esa interpretación no es la que ha hecho el sector acuícola, que ha criticado la fusión.

-Es comprensible. El sector veía en la Fundación OESA un apoyo importante a sus demandas, y estaba satisfecho con el desarrollo y las actividades que se estaban poniendo en marcha. Así que sí que lo han visto un poco como una marcha atrás. Costó mucho esfuerzo crear un observatorio de la acuicultura en el 2002. Costó mucho más crear una fundación del sector público en el 2008, y ha costado mucho sortear estos últimos años de restricciones presupuestarias, ajustes, recortes y ahora que se empieza a ver la luz al final del túnel, el sector entiende que era necesario continuar. Entiendo que es lógica su percepción.

-Pero ¿la comparte?

-Creo que va a ser positivo que nos fusionemos y que, al final, va a ser beneficioso para el sector.

-En el plan estratégico del sector queda reflejada esa contradicción de que se aprecie a la acuicultura como estratégica, pero no consigue el apoyo decidido que precisa.

-Es una cuestión que no solo se aprecia a nivel nacional, sino también comunitario. En los últimos años, desde el 2008, hemos visto cómo Bruselas se ha cansado de lanzar comunicaciones y directrices recogiendo la consideración de estratégica para la acuicultura y tratando de sentar las bases de un desarrollo que, al final, no se ha producido. La realidad es que, en España, las competencias son exclusivas de las comunidades autónomas y son ellas a las que compete el desarrollo del sector, otorgar las nuevas autorizaciones, decidir qué zonas destinan a la producción acuícola... Y creo que, en los últimos años, eso se ha dejado un poco descuidado, por decirlo de alguna forma. Sí que ha habido comunidades que han trabajado con mucho rigor e interés, que han considerado de manera efectiva el sector como estratégico, y que han hecho esos ejercicios de planificación del sector, de mejorar su normativa, su marco administrativo, de seleccionar zonas donde la acuicultura pudiera desarrollarse. Y ese es el desarrollo que se recoge en el último informe de la acuicultura.

-¿Está Galicia entre ellas?

-Galicia ha hecho muchos ejercicios, pero no han sido efectivos para el desarrollo del sector. Esa es la realidad a la que nos enfrentamos. Después de 10 años de planes acuícolas, lo cierto es que no hay plantas y eso genera un desconcierto en el sector, más allá del descontento. Desde todas las instancias se apunta que la acuicultura es estratégica y no somos capaces de desarrollarla. Pero bueno, hay autonomías que han trabajado con rigor. Murcia, por ejemplo, fue de las primeras que elaboró un plan estratégico, que identificó zonas para desarrollar acuicultura y que puede ser un referente. El último plan gallego también puede ser útil, y así lo ha reflejado la Comisión Europea y lo hemos recogido en el plan estratégico plurianual de la acuicultura española. Es un enfoque muy innovador, el establecer distintos niveles de protección y, a partir de ahí, que sean los promotores los que seleccionen las zonas. Pero la realidad es que aún no ha dado sus frutos. Creo que no es una responsabilidad única de las Administraciones, el sector también tiene mucho que decir. Hablamos de la gobernanza y, al final, eso no es más que los sectores avancen con el impulso de todas las partes involucradas. La parte empresarial está haciendo un esfuerzo por flexibilizar sus posturas y las Administraciones también se han puesto manos a la obra, como hemos comprobado en el plan estratégico. Ahora está por ver si las medidas que se recogen son efectivas y realmente el objetivo que todos tenemos en mente, que es el de duplicar la producción para abastecer a nuestro mercado, es asumible, y somos capaces de conseguirlo en el 2030.

 

Remiro atisba en el horizonte acuícola señales esperanzadoras. Como el protagonismo que el sector cobrará en los fondos estructurales, los movimientos que a nivel asociativo se están produciendo entre los mejilloneros, o que las autonomías hayan tomado conciencia de la maraña burocrática y administrativa que supone poner en marcha un nuevo proyecto en España.

-Pero sigue sin haber espacio para acuicultura.

-Se ha ido con esa necesidad a la Comisión Europea a contárselo, al ministerio, se trabaja con las comunidades. Las instalaciones actuales se pusieron en marcha hace 10 años y tienen la capacidad productiva de esa época, 1.000, 2.000 y 5.000 toneladas. Las nuevas instalaciones que estamos viendo ahora en el mundo tienen capacidad para 10.000, 20.000 y 30.0000 toneladas. El sector tiene que poder acceder a ese tipo de instalaciones en España. Lo que no podemos permitirnos es que proyectos que van a generar empleo y riqueza se tengan que ir a otros países como vemos que está sucediendo. Creo que la elaboración del plan estratégico, unido a los nuevos fondos FEMP, han abierto los ojos a las comunidades autónomas y espero que, en los próximos meses, veamos cómo aparecen esos espacios y que autonomías como Andalucía, Murcia, Valencia y Galicia den ese paso adelante de decir: ?Aquí tiene los espacios que pedía, ahora ponga los proyectos sobre la mesa para hacerlos realidad?.

-Pues en el sector no se palpa tanto optimismo. Al contrario, en Murcia, Valencia, Galicia parecen haber tirado la toalla.

-Sí, pero creo que es más un órdago a la mayor. Perciben un estancamiento a nivel general y es como una llamada de atención de decir ?o buscamos zonas, mejoramos los procedimientos administrativos y el sector sigue adelante o cerramos?. Es como un órdago sectorial, en esa clave lo interpreto, no en un desasosiego general, sino en un intento de mover conciencias y cambiar un poco la mentalidad y la actitud de las Administraciones.