¿Por qué hablar de acuicultura en agosto?

Viernes, 8 Agosto, 2014

Si hablo de acuicultura no puedo ser equidistante. Desde aquel Plan Especial de I+D de Acuicultura, del último Gobierno de UCD, que con Juan Espinosa desarrollamos desde 1983 en la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica, hasta el nacimiento de la Federación de Mejilloneros de Galicia y su conversión en OPMAR. Desde el alumbramiento de una tecnología del rodaballo en una granja de pollos de Ardía, hasta el Plan 10 del Marisqueo, ampliado a Plan Galicia, en el que nada acredité. O el pacto por el Consello do Mexillón de Galicia, sus desactivados fondos europeos, y la irrupción de las inversiones gallegas en el despegue del competitivo mejillón chileno. Desde la entrada de las multinacionales en el rodaballo, y los fracasos del salmón gallego, con su actual predicada resurrección. Todos ellos hitos que conforman el pasado de la acuicultura, también el mío, con más de treinta años dedicados a su desarrollo y a su análisis, y se asoman al presente.

Presente donde se mantienen indecisiones desde el 2005, con el primer plan de la acuicultura en tierra, aquel de los parques de tecnología alimentaria, del último Gobierno de Fraga, o aquel otro sustituto, inconcluso o nacido parcialmente -dos aprobaciones de empresas del grupo Pescanova- del Gobierno bipartito. Moviéndose el primero frente a «Touriñán no», y el segundo con las concentraciones del «Galicia non se vende», desaparecidas con el Gobierno de Feijoo. Gobierno de mayoría absoluta que, luego de seis años, ha sido incapaz de consensuar consigo mismo algo parecido a un plan de piscicultura en tierra.

Presente donde se mantiene la verdad de las mareas rojas con la hipótesis de toxicidad diarreica y sus enredos para determinarla, elemento clave de la falta de competitividad del sector mejillonero. Por más que algunos se detengan en la competencia cierta del mejillón chileno, pero la estadística indique que en el aciago 2013 la producción extraída de mejillón bajó unas 45.000 toneladas con respecto al 2012, o más de 27 millones de euros, debido a los cierres decretados por toxinas.

Presente donde se suman parálisis en el decaído sector marisquero, con una ínfima producción propia de almejas, mil ochocientas toneladas, frente a las ingentes importaciones de almejas frescas de todo el mundo, que multiplican por más de cinco nuestra producción, o por diez si incluimos las importaciones de almeja congelada. Presente donde se arrastra la ineficiencia de aquellos planes Jacumar y sus abundantes fondos no competitivos.

Presente actualizado en el reportaje de La Voz de Galicia del pasado lunes, que refleja no solo una mala práctica de escaso Gobierno y escasa oposición, sino el signo de nuestra sociedad donde, como otras en el mundo con políticas gubernamentales ineficientes, la política se convierte en un juego de suma-cero entre grupos en conflicto. La acuicultura, también en agosto, es ineficiencia en el Gobierno y síntoma de esta sociedad irreflexiva que renuncia a sus intereses colectivos.