Un futuro verde marino

Jueves, 11 Noviembre, 2010

Al margen de las más conocidas aplicaciones de las algas en la industria alimentaria o farmacéutica, hay ya algunas experiencias que en el mundo que han demostrado lo beneficioso -en lo económico y lo ambiental- del uso de algas marinas para procesos tan cotidianos y costosos como la depuración de aguas y residuos, tanto agrícolas como urbanos, o en acuicultura.

En China, por ejemplo, el gobierno del país ha puesto en marcha una iniciativa por la que facilita a los granjeros la tecnología necesaria para procesar y depurar los residuos de sus explotaciones porcinas -de unos quince cerdos por granja- mediante el uso de algas. Del sistema -en experimentación también en la Universidad de Málaga- se obtienen excedentes líquidos que se usan para cultivar algas para usos alimentarios de otros animales, mientras que los sólidos se procesan para obtener biocombustible que permite abastecer de energía a la propia granja. Tal experiencia es aplicable, tras las adaptaciones necesarias según el tipo de alga y condiciones climáticas específicas, también en España y hasta en explotaciones de hasta 3.000 cerdos y con una inversión que no superaría los 200.000 euros por explotación.

Otro uso de la capacidad biofiltradora de las algas apunta a los depuración de los vertidos urbanos. La experiencia ya ha demostrado su utilidad en localidades del norte de Alemania, donde se usan algas (lechuga de mar) y plantas acuáticas para depurar aguas residuales de pueblos de menos de 5.000 habitantes. También Andalucía y Canarias han indagado esta vía.

La acuicultura tampoco escapa a las posibilidades industriales de los vegetales marinos. Es así que las algas se han demostrado eficaces en la limpieza de los tanques de cultivo, como se está demostrando en experiencias en universidades de Canarias o Málaga o, en el plano industrial, en Israel para el cultivo de oreja de mar. El sistema evita, por una parte, la contaminación que pueda llegar al mar procedente del proceso de cultivo del pescado, sino que también los residuos sólidos resultantes -que incluyen también a las propias algas- tienen uso como componentes -con propiedades antioxidantes e inmunológicas- de pienso vegetal para los peces cultivados, lo que evita el uso de pescado salvaje para fabricar los actuales piensos y reduce la necesidad de antibióticos y otros medicamentos en los cultivos.

Tales son algunos de los usos en los que se centran los estudios que ayer detalló en el Centro Tecnolóxico do Mar de Vigo el catedrático de Ecología de la Universidad de Málaga, Félix López Figueroa, uno de los participantes en la jornada sobre los posibles usos industriales de las microalgas y valorización de recursos marinos que reunió a varias decenas de expertos de Galicia, Andalucía y León implicados en el proyecto comunitario Biotecmar.