Un Oceanográfico con historia

Lunes, 5 Mayo, 2014

El Centro Oceanográfico de Vigo ha sido pionero en el mundo en la cría en cautividad de especies como el pulpo, el rodaballo o el sanmartiño. Sus científicos han descubierto nuevas técnicas genéticas para luchar contra las algas tóxicas, han dado nombre a crustáceos hasta ahora desconocidos y han participado en diversas campañas internacionales para descubrir nuevos caladeros a la flota pesquera española. Entre los cuatro barcos de que dispone se encuentra el "Cornide de Saavedra", el primer buque oceanográfico moderno con que contó España.

En el Real Decreto de 17 de abril de 1914 por el que se creaba el Instituto Español de Oceanografía ya se disponía la ubicación de un laboratorio costero en Vigo, que fue inaugurado oficialmente el 2 de septiembre de 1917. El Laboratorio se instaló provisionalmente en el pabellón de la Sociedad de Salvamento de Náufragos, situado en el puerto de Vigo. Desde entonces, su labor científica ha sido un apoyo fundamental para el desarrollo de la actividad pesquera y conservera en Galicia. Como señala su director, Valentín Trujillo, en el Centro Oceanográfico de Vigo "se han conseguido grandes hitos mundiales en investigación marina, y es en la actualidad todo un referente en acuicultura". El centro cuenta con 160 trabajadores, de los que 51 son investigadores.

Las primeras investigaciones del IEO en Vigo estuvieron relacionadas con la crisis de la sardina de principios del siglo XX, que dieron lugar a la creación de un laboratorio en la ciudad; su primer responsable fue Fernando de Buen y Lozano. Otras investigaciones del centro vigués durante esa época estuvieron relacionadas con los afloramientos de algas nocivas y con la caza de la ballena.

Poco a poco, las investigaciones sobre el medio marino -calidad del agua, plancton, variables fisicoquímicas?- se fueron ampliando desde las aguas costeras hacia la plataforma continental y aguas más profundas. Asimismo inició su actividad de representación en organismos como el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES).

Tras la Guerra Civil, el laboratorio vigués trabaja en todo lo relacionado con los cultivos de mejillón y de ostra, con destacados trabajos de M. Sánchez y José Mª Navaz, este último director entonces del IEO en Vigo. Durante la posguerra se establecen dos secciones de investigación: la biológica y la química. En ambos casos se trata de ayudar al desarrollo industrial de la pesca y de la conserva, actividades de vital importancia en la economía gallega.

En 1940 es nombrado director Antonio Rodríguez de las Heras y las instalaciones pasan al Areal. En 1942 se realizan dos campañas en aguas saharianas, dirigidas por Francisco de Paula Navarro. Mientras tanto, durante los años 40 y 50 se incrementa la producción de trabajos científicos sobre la sardina con un contenido más ecositémico.

En la década de los 50 se suceden una serie de trabajos pioneros sobre explotación de recursos pesqueros y derivados, así como estudios biológicos del medio marino. En 1953 se realizan campañas de prospección en Terranova para estudiar el bacalao y otras especies.
El "boom" de la pesca en los años 60 se caracteriza en Vigo por la construcción de los primeros barcos congeladores y el Oceanográfico trabaja también en los estudios químicos sobre transporte y conservación de pescado. Paralelamente, se empieza a estudiar la calidad de las conservas desde un punto de vista científico.

A finales de la década de los 60 comienza a ser una preocupación el vertido de residuos industriales a las rías, agravados por catástrofes como el hundimiento del "Polycommander" en la ría de Vigo (mayo de 1970), lo que lleva al Oceanográfico a intensificar los estudios relacionados con la contaminación marina, que sigue siendo una de sus líneas prioritarias de investigación.

El centro vigués dispuso en 1971 del primer buque oceanográfico moderno con capacidad oceánica con que contó nuestro país, el "Cornide de Saavedra", lo que supuso un paso decisivo en las posibilidades de trabajos en el mar. El barco es uno de los cuatro que forman en la actualidad la flota del Oceanográfico vigués. Poco después, a mediados de los 70, se abre un nuevo período en la investigación oceanográfica y, bajo la dirección de Rafael Robles, el centro vigués experimenta un importante crecimiento. En esa época el centro se traslada a la Avenida de Orillamar y destacan los trabajos para dar respuesta a los problemas de vertidos de la industria papelera a la ría de Pontevedra, o los estudios relacionados con la ampliación de las zonas exclusivas a las 200 millas.

En 1986 investigadores del centro participan en la primera Expedición Científica Española a la Antártida. Ese mismo año se inaugura la actual sede en Cabo Estai, lo que marca una nueva etapa en la historia del Oceanográfico vigués de la mano de Alberto González-Garcés, nombrado director en 1987. A partir de ese momento, la actividad se centra en tres grandes áreas de investigación: Acuicultura, Medio Ambiente y Pesquerías.

Acuicultura

"Desde 1986 el centro cuenta con una planta dedicada exclusivamente a la acuicultura marina, principalmente de peces, que ha marcado grandes hitos a nivel mundial y con una vocación clara de transferencia al sector", comenta Valentín Trujillo. Se trata de una planta semi-industrial donde se ha desarrollado la investigación básica sobre el cultivo de rodaballo. A comienzos de los años 90 se empezó a trabajar con otras especies, como el sargo, el aligote, el salmonete, el abadejo y el besugo.

A finales de la década de los 60 comienza a ser una preocupación el vertido de residuos industriales a las rías, agravados por catástrofes como el hundimiento del "Polycommander" en la ría de Vigo (mayo de 1970), lo que lleva al Oceanográfico a intensificar los estudios relacionados con la contaminación marina, que sigue siendo una de sus líneas prioritarias de investigación.
El centro vigués dispuso en 1971 del primer buque oceanográfico moderno con capacidad oceánica con que contó nuestro país, el "Cornide de Saavedra", lo que supuso un paso decisivo en las posibilidades de trabajos en el mar. El barco es uno de los cuatro que forman en la actualidad la flota del Oceanográfico vigués. Poco después, a mediados de los 70, se abre un nuevo período en la investigación oceanográfica y, bajo la dirección de Rafael Robles, el centro vigués experimenta un importante crecimiento. En esa época el centro se traslada a la Avenida de Orillamar y destacan los trabajos para dar respuesta a los problemas de vertidos de la industria papelera a la ría de Pontevedra, o los estudios relacionados con la ampliación de las zonas exclusivas a las 200 millas.
En 1986 investigadores del centro participan en la primera Expedición Científica Española a la Antártida. Ese mismo año se inaugura la actual sede en Cabo Estai, lo que marca una nueva etapa en la historia del Oceanográfico vigués de la mano de Alberto González-Garcés, nombrado director en 1987. A partir de ese momento, la actividad se centra en tres grandes áreas de investigación: Acuicultura, Medio Ambiente y Pesquerías.

 

Las primeras experiencias sobre el cultivo del besugo se realizaron en 1991 con la captura de ejemplares del medio natural para la constitución de un stock de reproductores. En la actualidad, la especie se cultiva a escala industrial fruto de la colaboración del IEO de Vigo con una empresa. A mediados de la década de los 90 las investigaciones del centro se ampliaron a crustáceos (centolla y bogavante) y moluscos. Uno de los hitos más sobresalientes fue desarrollar el ciclo vital del pulpo en cultivo, algo que se consiguió en 2001 en el centro vigués por primera vez a nivel mundial; también ha colaborado en el desarrollo de la especie en estrechamente con el sector. Otra especie prometedora de interés es el lenguado; también se ha conseguido reproducir de forma natural la merluza europea, de la que el IEO de Vigo cuenta con un stock de reproductores, lo que constituye otro hito internacional. Como también lo fue en 2011 la cría por primera vez en cautividad en todo el mundo de sanmartiños. Últimamente tienen puestas muchas expectativas en el cultivo de la cherna.

Medio Marino
Dentro de la oceanografía física, el centro vigués del IEO estudia el cambio climático en las aguas atlánticas españolas a través de diferentes proyectos de investigación. A su vez este tipo de trabajos sirven para entender la productividad del medio físico y su influencia en la abundancia de peces.

Otro de los campos de investigación se centra en el fitoplancton, sobre todo lo relacionado con especies tóxicas. Este tipo de trabajos empezaron en 1977 dentro de la creada Red de Observación del Medio Marino, con el fin de alertar a las autoridades sanitarias sobre estas especies potencialmente tóxicas y que pudieran transmitir sus toxinas a los moluscos bivalvos.

Así, en 1976 se describió la especie de dinoflagelado formador de cadenas (Gymnodinium catenatum) que producía la mayor toxicidad en las rías por toxina paralizante (PSP) por primera vez en aguas europeas. A finales de los 80, se hicieron importantes avances en la descripción de las especies productoras de toxinas PSP y diarreicas (DSP), su biología y ecología. A partir de 1992 las actividades de seguimiento se trasladaron al Instituto Tecnolóxico para o Control do Medio Mariño (Intecmar) con el que se sigue colaborando estrechamente. En 1996 la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la Unesco, estableció en colaboración con el IEO el "Centro Científico y de Comunicación sobre Algas Nocivas", desde el que se potenció la cooperación con Sudamérica y norte de África.

Con respecto al grupo de Contaminación Marina, su trabajo evalúa y hace el seguimiento de la calidad ambiental del medio marino, haciendo un seguimiento sistemático desde principios de los 80 de la fachada atlántica de las aguas españolas.